José del R. Millán dirige un equipo de investigadores en la Escuela Politécnica Federal de Lausana en Suiza y coordina varios proyectos europeos para desarrollar interfaces cerebro-máquina (BCI). Se trata de unos dispositivos que podrán beneficiar a las personas que padecen una discapacidad física  o a las que sufren enfermedades neurodegenerativas. La revista Science ha revisado su trabajo como uno de los investigadores clave del mundo en el campo de las interfaces cerebro-computadora.

Su objetivo final es conseguir un exoesqueleto que se integre de la manera más directa posible con nuestro cerebro y guie nuestro sistema nervioso y nuestro sistema músculoesquelético, como si de un cuerpo se tratara. Entonces, ¿está el hombre biónico cada vez más cerca? José del R. Millán nos contestará a esta pregunta en la segunda edición de Salud On Me.

P.- ¿Qué son las interfaces cerebrales?

R.- La tecnología de las interfaces cerebrales consiste en medir la actividad eléctrica del cerebro, por ser la más rápida. Ese es el lenguaje de las neuronas y, a través de algoritmos de aprendizaje automático, codificamos la intención motora de las personas. Una vez reconocida en la actividad cerebral la intención, se envía esa orden al robot o a la máquina para que ejecute la acción que la persona desea.

P.- ¿En qué puede afectar esta tecnología a la atención al paciente?

R.- Hay que responder a esa pregunta desde dos vías. Por una parte, la vía de la tecnología de asistencia, por ejemplo una discapacidad motora, como puede ser una mano paralizada. En ese caso, la tecnología asistencial nos puede ayudar a utilizar la modulación voluntaria de las señales cerebrales para dar órdenes al robot. Es decir, que tenemos los sistemas que permiten comunicarse, escribir, o incluso jugar por internet.

Pero luego existe una segunda variante y es que, en el fondo, cuando una persona, después de un ictus o de un accidente, tiene un cierto grado de discapacidad, una terapia puede conseguir paliar esa discapacidad, al menos parcialmente. El objetivo de la rehabilitación es aprovechar la plasticidad cerebral para recuperar las funciones de un área cerebral que ha sido dañada irremediablemente a causa de la lesión. Aunque la terapia no va a curar esas neuronas que ya están dañadas, una interfaz cerebral puede contribuir a recodificar esas funciones en otras áreas colindantes. Ahí radica el papel que pueden jugar las interfaces cerebrales. Porque en realidad, la terapia que estamos buscando es que la función de esa área dañada se recodifique en otras áreas del cerebro. Con nuestras investigaciones lo que perseguimos es utilizar esa plasticidad cerebral para la rehabilitación porque podemos monitorizar todo el proceso.

P.- ¿Está entonces el hombre biónico más cerca que nunca?

R.- La tecnología está acelerando cada vez más el proceso de fusión entre humanos y máquinas, y las interfaces cerebrales pueden suponer el último grado de este proceso. En este punto tenemos que entrar en el debate ético del ‘transhumanismo’, preguntándonos si queremos emplear la tecnología para recuperar capacidades perdidas a causa de una lesión o para adquirir nuevas capacidades que no forman parte de nuestro bagaje biológico. Y ahí cada uno tiene que tomar sus propias decisiones.