Food Design es una empresa dedicada al Outsourcing de diseño y desarrollo de productos, procesos y equipos para la industria alimentaria. Está integrada por

profesionales especializados en la aplicación de procesos tecnológicos, innovadores y creativos. Desde Food Design, Javier Martínez explicará en la segunda edición de Salud On Me los detalles de cómo una impresora 3D puede crear comida saludable.

 

P.- ¿Cómo funcionan las impresoras 3D de comida saludable?

R.- Por decirlo de la manera más sencilla posible, son como mangas pasteleras, pero muy caras. En lo que estamos trabajando actualmente es en investigaciones conjuntas con cocineros y técnicos para modificar las condiciones de impresión. Estudiamos distintas formulaciones y la parte nutricional. En definitiva, se trata de trabajar para lo que produce la impresora se pueda comer.

 

P.- ¿En qué puede ayudar este tipo de tecnología a los pacientes?

R.- Podemos ayudar a las personas, por ejemplo aquellas personas que tienen problemas para masticar o con cáncer. Les damos texturas fáciles de digerir y con sabores análogos. Y les damos a esos alimentos las formas que la imaginación nos permita. Por el momento, solo hemos conseguido formas muy básicas, pero estamos trabajando para evolucionar en ese sentido. No es una reproducción tal cual del alimento, pero podemos jugar con formas y sabores.

 

P.- ¿Cuál es el objetivo final de esta tecnología?

R.- Todavía falta mucho recorrido para diseñar alimentos adaptados a las necesidades específicas de las personas, pero hay que seguir en este camino. Las cifras de obesidad infantil son alarmantes y porque los niños comen muy pocos vegetales. Podemos ayudar creando vegetales en masa, introduciendo el alimento como un juego. Por ejemplo, podemos coger un pimiento del piquillo y darle forma de cubo o de lo que queramos. De hecho, esta va a ser una de las demostraciones que llevaremos a cabo en la segunda edición de Salud On Me.

 

P.- ¿En qué va a consistir vuestra participación en Salud On Me?

R.- Queremos demostrar que se puede jugar con las texturas y el diseño de los alimentos. Por ejemplo, con una zanahoria podemos crear un crujiente de espuma. Podemos desarrollar cinco texturas diferentes para un mismo alimento. En definitiva, estamos trabajando para encontrar las herramientas que nos permitan adaptar los alimentos a las necesidades específicas de cada paciente. En los últimos 5 años la tecnología ha avanzado de manera exponencial y en un plazo de 5 o 10 años podemos pensar que los prototipos ya cocinarán, porque actualmente solo dan forma. En el futuro vislumbramos que se podrá imprimir comida saludable en el que se podrán individualizar en cada condición personal del paciente.