Como en todas las relaciones humanas, en las que están implicados dos sujetos, los diferentes puntos de vista de las personas pueden originar diversas ‘fricciones’ entre esas dos personas. Si hablamos ya más concretamente del ámbito de la salud, la relación entre médico y paciente no sólo está marcada por un diagnóstico X y un tratamiento Y. Las variables que interactúan son infinitas, más si cabe porque una enfermedad física puede llegar a complicarse con enfermedades psicológicas y las ‘armas’ para enfrentarse a ambas no sólo se encuentran en el campo de la medicina, sino también en el de la humanidad. Es aquí donde entra en juego, y cómo, la empatía.

Empatía entre médico y paciente para afrontar juntos un diagnóstico y un tratamiento. O, mejor dicho, el éxito o el fracaso de dicho tratamiento. Los tiempos de espera, las confirmaciones no deseadas. Todas estas razones hacen que la interrelación entre los profesionales médicos y los enfermos sean de una sensibilidad extrema, en ambas direcciones.

Como en cualquier relación humana, la confianza viene a ser un pilar fundamental. Si no creemos en la capacidad de nuestro médico, lo más conveniente es que busquemos otro o, por lo menos, una segunda opinión. Y esto es así de drástico, porque el primer paso para la curación es la confianza en el camino (tratamiento) que estamos a punto de recorrer. Esa confianza será un valor añadido en el tan deseado éxito de nuestra recuperación. Porque no es ninguna falacia el hecho de que confiar en nuestra curación hará que esta no sea tan inalcanzable.

A menudo se tacha a los profesionales médicos de ‘fríos’ o ‘distantes’. Y no es menos cierto que en muchos casos es así, pero como un auténtico mecanismo de defensa ante los numerosos casos, desde los más leves hasta los más graves, a los que se enfrentan día tras día, en sus carreras. Puede tratarse de personas que, en su vida personal , son delicados y sensibles. Y es precisamente esta sensibilidad la que hace que necesiten una ‘coraza’ para combatir constantemente enfermedades. Estudios de la Clínica Quirón ahondan en este aspecto.

Pero, dicho esto, también es cierto que los pacientes ven su caso como el único, con todo el derecho del mundo. Una mujer puede prepararse para dar a luz como una experiencia que va a ser única en su vida. Sin embargo, para los médicos no lo es. Es en esta dicotomía donde entra en juego la necesidad de ponernos en la piel del otro y empatizar con sus miedos, sus emociones, sus expectativas y sus fobias. Analizar el caso desde el punto de vista de un médico que, a su vez, es paciente con una grave enfermedad, abre todo un abanico de reflexiones que merece la pena estudiar. Lo hemos podido leer en El País.

Y si hemos puesto el ejemplo de traer una vida a este mundo, más necesaria es la empatía si cabe en el caso de dar la noticia de una grave enfermedad y planificar un tratamiento que, en la mayoría de las ocasiones puede llegar a ser muy duro y convertirse en un auténtico ‘golpe emocional’ para el paciente.

Son tan sólo algunas reflexiones para empatizar con la necesidad de la empatía.