La entidad ‘Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos’ impulsó en 2008 un estudio con una previsión de cinco años de duración bajo el nombre Proyecto de Microbioma Humano (Human Microbiome Project) HMP. En el proyecto han colaborado más de 80 Universidades y 200 investigadores, que han abordado los efectos de los microbios, así como virus, bacterias y microorganismos, y cómo influyen en el estado de la salud del ser humano. Una de sus principales conclusiones, a grosso modo, es que los seres humanos estamos hechos de más microbios que de células humanas.

El objetivo de este estudio es describir las comunidades microbianas encontradas en diferentes partes del cuerpo humano y desgranar las correlaciones entre los cambios en el microbioma y la salud de las personas. Por ello, las bacterias que se hallan en la microbiota intestinal son una parte clave de la investigación del HMP.

A raíz de este análisis, según acaba de publicar El País, recientemente se ha llegado a una nueva técnica genómica que ha descubierto funciones vitales entre los billones de bacterias que viven en nuestro cuerpo. Hasta ahora, el microbioma (conjunto de microbios que viven en el intestino humano) se había estudiado aislando y cultivando bacterias mediante las técnicas convencionales. El problema de este método de trabajo es que solo algunas bacterias crecen en cultivo.

Sin embargo, HMP ha empleado un enfoque ‘metagenómico’ consistente en extraer todo el ADN y secuenciarlo en masa, al estilo de lo que se lleva haciendo unos años con el agua de mar. Los científicos empiezan a descubrir así las enzimas y rutas metabólicas que son importantes para los humanos, sobre todo para generar aminoácidos, los componentes de las proteínas.

Según explica El País, la composición de nuestras bacterias intestinales afecta a la maduración del sistema inmune humano, y es un factor relevante en el desarrollo de las enfermedades no solo gastrointestinales, sino también cardiovasculares. Sus relaciones con el cáncer y la diabetes están sometidas a investigación activa. En esta línea de investigación, tal y como refleja este periódico, Emily Balskus y su grupo del departamento de biología química de la Universidad de Harvard, junto al MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts, también en Boston) y el Instituto Broad, uno de los nodos del proyecto genoma, han desarrollado una nueva técnica llamada enzimología genómica. A raíz de ello, los investigadores han logrado utilizar los datos masivos del metagenoma de 378 personas, y las poderosas matemáticas de la genómica, para averiguar la función exacta de las enzimas más importantes.

Este tipo de análisis y muchos más de innovación en salud se abordarán en la segunda edición de Salud On Me.